Y de repente todo se hacía ya por internet. Dejamos de ir a la sucursal bancaria para operar desde casa a través de la banca online. Conocíamos a nuevos amigos sin movernos de casa. ¿Ir de tiendas el fin de semana si puedo hacerlo tumbado en mi cama? Quedó atrás el “buenos días” al kiosquero al comprar la prensa cada mañana porque ahora también leemos el periódico online. Bien sea para mantener una relación estable o por tener un encuentro puramente sexual desde tu sofá se abren infinitas posibilidades. Cursos a distancia de todo tipo de materias (algunas inimaginables hasta el momento).  Y así multitud de ejemplos que inundan nuestro día a día de pantallas, correos electrónicos, wahsapp, Me gusta, emoticonos, perfiles, gigas, gps, etc.

¿Y dónde ha quedado la comunicación del cara a cara (lo que hemos llamado, haciendo uso de un nuevo anglicismo: face to face)? Muchos de nosotros y nosotras añorábamos espacios sin conexión digital para disfrutar de momentos precisos en soledad absoluta o con la compañía deseada. Quizás, quienes formamos parte de una intergeneración que camina del siglo XX y al  XXI, tendremos este síndrome nostálgico para el resto de nuestras vidas, al igual que nuestros padres y madres nos hablan  de sus tiempos  de  “perras chicas y perras gordas”, de  falta de agua corriente en las casas o de la televisión como artículo de lujo para las familias.

Sin duda es difícil que los “nativos digitales” entiendan realmente lo que puede suponer no vivir conectado, ya que han nacido y crecido con estas “nuevas tecnologías” a su alcance desde que tuvieron conciencia de este mundo.

Por un momento parece que quienes somos nostálgicos de un pasado menos “conectado” perdemos definitivamente la batalla al encontrarnos en una situación de aislamiento casi absoluto y donde precisamente estas herramientas tecnológicas nos permiten seguir en comunicación con quienes añoramos. Una inundación de videos, fotos, audios, videollamadas, ocupan nuestro tiempo de confinanmiento. Pero también es aceptable pensar que esta situación tan al límite invite, a quienes no han conocido o habían olvidado un mundo con cada vez más escasa comunicación “face to face”, a reconocer el auténtico valor de apagar los dispositivos, salir a jugar al  disfrutarnos en carne y hueso. 

Nos vemos, nos encontramos, nos tocamos, nos hablamos en la calle. Allí te espero.

Juan Jo Vázquez Limón